Navidad en español Cuentos de Navidad

Los duendes y el zapatero

Dos duendecillos cosiendo zapatos de noche en el taller del zapatero, que los mira escondido con su mujer

Jacob y Wilhelm Grimm · traducción de Siempre Navidad

4 minutos de lectura De 4 a 8 años

Había una vez un zapatero que, sin tener él la culpa, se había vuelto tan pobre que al final no le quedaba más que cuero para un solo par de zapatos. Así que por la noche cortó las piezas de los zapatos, con la idea de ponerse a trabajar en ellos a la mañana siguiente; y como tenía la conciencia tranquila, se acostó en paz, se encomendó a Dios y se durmió. Por la mañana, después de rezar sus oraciones, cuando iba a sentarse a trabajar, allí estaban los dos zapatos, completamente terminados, encima de su mesa. Se quedó asombrado y no sabía qué decir. Tomó los zapatos en la mano para mirarlos de cerca: estaban tan bien hechos que no había en ellos ni una puntada mal dada, igual que si tuvieran que ser una obra maestra. Poco después entró ya un comprador, y como los zapatos le gustaron tanto, pagó por ellos más de lo normal, y con ese dinero el zapatero pudo comprar cuero para dos pares. Los cortó por la noche y quería ponerse a trabajar a la mañana siguiente con ánimo renovado, pero no le hizo falta, porque cuando se levantó ya estaban terminados; y tampoco faltaron compradores, que le dieron tanto dinero que pudo comprar cuero para cuatro pares. A primera hora de la mañana encontró también los cuatro pares terminados; y así siguió siempre: lo que cortaba por la noche, por la mañana estaba hecho, de modo que pronto volvió a ganarse la vida honradamente y acabó siendo un hombre acomodado. Y sucedió que una noche, poco antes de Navidad, cuando el hombre había vuelto a cortar el cuero, le dijo a su mujer antes de irse a dormir:

—¿Qué te parece si esta noche nos quedamos levantados para ver quién nos echa una mano de esta manera?

A la mujer le pareció bien y encendió una vela; luego se escondieron en los rincones de la habitación, detrás de la ropa que había allí colgada, y se quedaron vigilando. Cuando dio la medianoche, llegaron dos hombrecillos diminutos y graciosos, desnudos, se sentaron ante la mesa del zapatero, tomaron todo el trabajo cortado y empezaron a punzar, a coser y a martillear con sus deditos con tanta destreza y rapidez que el zapatero, de puro asombro, no podía apartar la vista. No pararon hasta que todo estuvo acabado y terminado encima de la mesa, y luego se marcharon a toda prisa, de un salto.

A la mañana siguiente dijo la mujer:

—Los hombrecillos nos han hecho ricos; deberíamos mostrarles nuestro agradecimiento. Andan por ahí sin nada encima y por fuerza tienen que pasar frío. ¿Sabes qué? Voy a coserles una camisita, una chaqueta, un chaleco y unos pantaloncitos, y a tejerle a cada uno un par de medias; tú hazle a cada uno un par de zapatitos.

—Me parece muy bien —dijo el hombre.

Y por la noche, cuando lo tuvieron todo listo, pusieron los regalos juntos encima de la mesa en lugar del trabajo cortado y luego se escondieron para ver qué hacían los hombrecillos. A medianoche llegaron dando saltos y quisieron ponerse enseguida a trabajar; pero cuando, en vez de cuero cortado, encontraron aquellas prendas tan graciosas, primero se quedaron asombrados y después mostraron una alegría enorme. A toda velocidad se vistieron, se alisaron sobre el cuerpo la ropa tan bonita y cantaron:

«¿No somos ya mozos pulcros y elegantes? ¡Para qué seguir de zapateros como antes!»

Luego brincaron y bailaron, y saltaron por encima de sillas y bancos. Al final salieron bailando por la puerta. Desde entonces no volvieron más; pero al zapatero le fue bien mientras vivió, y le salía bien todo lo que emprendía.

Sobre este cuento

Traducción de Siempre Navidad del cuento «Die Wichtelmänner» de los hermanos Grimm (1812), sobre el texto de la edición de 1857.

Los «Wichtelmänner» del original son hombrecillos o duendes. La canción final está adaptada para que rime en español.