Navidad en Colombia Novena de Aguinaldos

Día 9

Jueves, 24 de diciembre

La novena empieza el 16 de diciembre. Faltan 66 días. Mientras tanto, puedes leer el día 9 para prepararla.

Oración para todos los días

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Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amasteis a los hombres, que les disteis en vuestro Hijo la mejor prenda de vuestro amor, para que, hecho hombre en las entrañas de una Virgen, naciese en un Pesebre para nuestra salud y remedio; yo, en nombre de todos los mortales, os doy infinitas gracias por tan soberano beneficio. En retorno de él os ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de vuestro Hijo humanado; suplicándoos por sus divinos méritos, por las tiernas lágrimas que derramó en el Pesebre, que dispongáis nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con total desprecio de todo lo terreno, para que Jesús recién nacido tenga en ellos su Cuna y more eternamente. Amén.

Se reza tres veces el Gloria al Padre.

Cambia cada día

Consideración para el día noveno

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La noche ha cerrado del todo en las campiñas de Belén. Desechados por los hombres y viéndose sin abrigo, María y José han salido de la inhospitalaria población y se han refugiado en una gruta que se encontraba al pie de la colina. Seguía a la Reina de los ángeles el jumento que le había servido de humilde cabalgadura durante el viaje, y en aquella cueva hallaron un manso buey, dejado allí probablemente por alguno de los caminantes que habían ido a buscar hospedaje en la ciudad. El Divino Niño, desconocido por sus criaturas racionales, va a tener que acudir a las irracionales para que calienten con su tibio aliento la atmósfera helada de esa noche de invierno y le manifiesten con esto y con su humilde actitud el respeto y adoración que le había negado Belén. La rojiza linterna que José tiene en la mano ilumina tenuemente ese pobrísimo recinto: ese pesebre lleno de paja, que es figura profética de las maravillas del altar y de la íntima y prodigiosa unión eucarística que Jesús ha de contraer con los hombres. María está en oración en medio de la gruta, y así van pasando silenciosamente las inmortales horas de esa noche llena de misterios.

¡Pero ha llegado la medianoche, y de repente vemos dentro de ese Pesebre, poco antes vacío, al Divino Niño esperado, vaticinado, deseado durante cuatro mil años con tan inefables anhelos! A sus pies se postra su Santísima Madre, en los transportes de una adoración de la cual nada puede dar idea. José también se le acerca y le rinde el homenaje con que inaugura su misterioso e imponderable oficio de padre putativo del Redentor de los hombres. La multitud de ángeles que descienden del Cielo a contemplar esa maravilla sin par, dejan estallar su alegría y hacen vibrar en los aires las armonías de ese Gloria in Excelsis, que es el eco de la adoración que se produce en torno del trono del Altísimo, hecha perceptible por un instante a los oídos de la pobre tierra. Convocados por ellos vienen en tropel los pastores de la comarca a adorar al recién nacido y presentarle sus humildes ofrendas. Ya brilla en Oriente la misteriosa estrella de Jacob, y ya se pone en marcha hacia Belén la caravana espléndida de los Reyes Magos, que dentro de pocos días vendrán a depositar a los pies del Divino Niño el oro, el incienso y la mirra, que son símbolo de la caridad, de la oración y de la mortificación.

¡Oh adorable Niño!, nosotros también, los que hemos hecho esta Novena para prepararnos al día de vuestra Navidad, queremos ofreceros nuestra pobre adoración: ¡no la rechacéis! Venid a nuestras almas, venid a nuestros corazones llenos de amor. Encended en ellos la devoción a vuestra santa infancia, no intermitente y solo circunscrita al tiempo de vuestra Navidad, sino siempre y en todos tiempos; devoción que fielmente practicada y celosamente propagada nos conduzca a la vida eterna, librándonos del pecado y sembrando en nosotros todas las virtudes cristianas.

Oración a la Santísima Virgen

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Soberana María, que por vuestras grandes virtudes, y especialmente por vuestra humildad, merecisteis que todo un Dios os escogiese por Madre suya, os suplico que vos misma preparéis y dispongáis mi alma y la de todos los que en este tiempo hiciesen esta Novena, para el nacimiento espiritual de vuestro adorado Hijo.

¡Oh dulcísima Madre!, comunicadme algo del profundo recogimiento y divina ternura con que le aguardasteis vos, para que nos hagáis menos indignos de verle, amarle y adorarle por toda la eternidad.

Se reza nueve veces el Avemaría. Hoy es costumbre rezarla tres veces.

Oración a San José

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¡Oh santísimo José, esposo de María y padre putativo de Jesús! Infinitas gracias doy a Dios porque os escogió para tan altos ministerios y os adornó con todos los dones proporcionados a tan excelente grandeza. Os ruego, por el amor que tuvisteis al Divino Niño, me abraséis en fervorosos deseos de verle y recibirle sacramentalmente, mientras en su divina Esencia le veo y le gozo en el Cielo. Amén.

Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

Gozos: aspiraciones para la venida del Niño Dios

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Quien dirige lee cada estrofa y, después de cada una, todos responden; es costumbre cantar la respuesta: «¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!».

Coro · todos
Dulce Jesús mío,mi Niño adorado.¡Ven a nuestras almas!¡Ven, no tardes tanto!
¡Oh Sapiencia sumadel Dios soberano,que a infantil alcancete rebajas sacro!¡Oh Divino Niño,ven, para enseñarnosla prudencia que haceverdaderos sabios!
Todos
¡Ven a nuestras almas!¡Ven, no tardes tanto!
¡Oh Adonaí potenteque a Moisés hablando,de Israel al pueblodisteis los mandatos!¡Ah!, ¡ven prontamentepara rescatarnos,y que un niño débilmuestre fuerte brazo!
Todos
¡Ven a nuestras almas!¡Ven, no tardes tanto!
¡Oh raíz sagradade José, que en lo altopresentas al orbetu fragante nardo!¡Dulcísimo Niñoque has sido llamadoLirio de los valles,bella flor del campo!
Todos
¡Ven a nuestras almas!¡Ven, no tardes tanto!
¡Llave de Davidque abre al desterradolas cerradas puertasde regio palacio!¡Sácanos, oh Niño,con tu blanda mano,de la cárcel tristeque labró el pecado!
Todos
¡Ven a nuestras almas!¡Ven, no tardes tanto!
¡Oh lumbre de Oriente,sol de eternos rayos,que entre las tinieblastu resplandor veamos!¡Niño tan precioso,dicha del cristiano,luzca la sonrisade tus dulces labios!
Todos
¡Ven a nuestras almas!¡Ven, no tardes tanto!
¡Espejo sin mancha,santo de los santos,sin igual imagendel Dios soberano!¡Borra nuestras culpas,salva al desterrado,y en forma de Niñoda al mísero amparo!
Todos
¡Ven a nuestras almas!¡Ven, no tardes tanto!
¡Rey de las naciones,Emmanuel preclaro,de Israel anhelo,pastor del rebaño!¡Niño que apacientascon suave cayadoya la oveja arisca,ya el cordero manso!
Todos
¡Ven a nuestras almas!¡Ven, no tardes tanto!
¡Ábranse los cielosy llueva de lo altobienhechor rocíocomo riego santo!¡Ven, hermoso Niño,ven, Dios humanado!¡Luce, hermosa estrella,brota, flor del campo!
Todos
¡Ven a nuestras almas!¡Ven, no tardes tanto!
¡Ven, que ya Maríapreviene sus brazos,do su Niño veanen tiempo cercano!¡Ven, que ya José,con anhelo sacro,se dispone a hacersede tu amor sagrario!
Todos
¡Ven a nuestras almas!¡Ven, no tardes tanto!
¡Del débil, auxilio,del doliente, amparo,consuelo del triste,luz del desterrado!¡Vida de mi vida,mi sueño adorado!¡Mi constante amigo,mi divino hermano!
Todos
¡Ven a nuestras almas!¡Ven, no tardes tanto!
¡Véante mis ojosde ti enamorado!¡Bese ya tus plantas!¡Bese ya tus manos!¡Prosternado en tierrate tiendo los brazos,y aún más que mis fraseste dice mi llanto!
Todos
¡Ven a nuestras almas!¡Ven, no tardes tanto!
¡Ven, Salvador nuestro,por quien suspiramos!
Todos
¡Ven a nuestras almas!¡Ven, no tardes tanto!

Oración al Niño Jesús

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Acordaos, oh dulcísimo Niño Jesús, que dijiste a la Venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos vuestros devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente: «Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia, y nada te será negado». Llenos de confianza en Vos, oh Jesús, que sois la misma verdad, venimos a exponeros toda nuestra miseria. Ayúdanos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada. Concédenos, por los méritos infinitos de vuestra Encarnación y de vuestra infancia, la gracia… de la cual necesitamos tanto. Nos entregamos a Vos, oh Niño omnipotente, seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza, y de que, en virtud de vuestra divina promesa, acogeréis y despacharéis favorablemente nuestra súplica. Amén.

Villancicos

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Es costumbre terminar cantando villancicos.